Punto (.) Rojo
J. Baldomero Díaz Gaytán
Aún recuerdo aquél jueves 24 de febrero del 2005: El profesor Héctor Huerta y su esposa Dalia me habían invitado a una ceremonia del Día de la Bandera en la Escuela Secundaria número 3, conocida como “La Muertera” y ahí charlábamos de manera amena con Nabor Ochoa, con Horacio Archundia, con Wenceslao Cisneros y con una docena de amigos más. Serían como las 4:20 de la tarde cuando Fernando Morán me envió un mensaje al celular que decía, textual: “Se cayó el avión en donde venían el gobernador y Roberto”.
De momento la noticia la tomamos a broma. Después Horacio Archundia y Nabor Ochoa recibían el mensaje que confirmaba la noticia: El avión del Gobierno del Estado de Colima en donde viajaba el gobernador Gustavo Vázquez se había estrellado en la sierra de Michoacán y por la magnitud del impacto no había ninguna esperanza de que hubiera sobrevivientes.
Como era de esperarse la noticia pronto sacudió a Colima y media hora después en todos los lugares se hablaba de la tragedia. Aún conservo en mi poder aquella primera noticia del periódico El Universal en su página Online, que decía, textual, “Muere gobernador de Colima en avionazo”. Y también guardo la nota que circuló en la red acreditada al periódico Reforma, en donde se daba la lista de los que habían “muerto” en el accidente, se daban los nombres de Ignacio Peralta Sánchez y del senador Rogelio Rueda Sánchez.
Aquel día, después de recibir el mensaje que me envió Fernando Morán lo primero que hice fue marcar el número de Roberto Preciado Cuevas, había charlado con él a las dos de la tarde, 90 minutos antes de su muerte, pues nos habíamos puesto de acuerdo para cenar esa noche con don Raúl Zuazo Ochoa. Marqué de mi celular a su número, el 0453123194582 y de inmediato sonó la grabación “Habla Roberto Preciado, déjame tu nombre y después te regreso la llamada”. Escuchar la voz de alguien que sabía estaba muerto pero que me negaba a creerlo fue una experiencia que, hoy lo reconozco, me impactó en sobremanera.
Después marqué al número del entonces diputado federal Rogelio Rueda y me tomó la llamada, fue una llamada corta, de dos, quizás tres minutos, en los que me dijo “hazme el favor de decirles a todos los amigos que yo no iba en ese vuelo. Yo me quedé en una reunión en la Cámara de Diputados y no alcancé a valor con ellos”.
Y Rogelio Rueda me sacó de muchas dudas, cuando me dijo: “Yo hablé con mi compadre Alejandro Dávila a las tres y cuarto de la tarde, y me dio los nombres de quienes volaban a Colima: Iba el gobernador Gustavo, Roberto Preciado, Luis Barreda, Alejandro Dávila y Memo Díaz, más los dos pilotos”.
Después de la llamada con Rogelio Rueda pude entablar comunicación con Chinto Grajeda, el asistente personal del gobernador Gustavo Vázquez, amigo mío y por mucho, el más cercano al ex mandatario, el que conocía muchos de los secretos de Vázquez Montes. Aún recuerdo lo que me dijo” Se nos fue el profe Baldo, se cayó el avión y ahorita voy rumbo a Michoacán, pero hay que pedirle a Dios para que el profe se haya salvado”.
Después de varios meses de la tragedia hablé con Chinto y me dio algunos datos que muy poca gente sabe: Aquél 24 de febrero, a las tres con 13 minutos de la tarde, Gustavo Vázquez le llamó por teléfono y le dio una orden: “Chinto, ve al Delfín Azul y te llevas unos pescaditos para comer con unos amigos en Casa de Gobierno, vamos cinco personas, también te llevas unas cervecitas bien heladas. Nos vemos en el aeropuerto en unos 50 minutos”. Fue la última orden que Chinto recibió de su jefe, pero también fue la última ocasión que habló con su amigo. Es más, Chinto aún conserva el número telefónico del siempre gobernador, el 3123195731, pues como él dice, “aún hay varios amigos que me llaman para intercambiar anécdotas agradables del profe Gustavo”.
Hoy, a tres años de distancia, nadie tiene dudas de que Chinto fue la última persona con la que Gustavo Vázquez conversó telefónicamente. Me consta la amistad que había entre Chinto y Gustavo, por lo que muchas veces le he comentado a Chinto, “esa última llamada del profe fue para despedirse de ti”.
Hay muchas anécdotas de los amigos que se fueron, pero hay una que destaca en sobremanera: El miércoles 23 de febrero del 2005, en la explanada del Complejo Administrativo, eran como las nueve y media de la noche, una noche antes del avionazo, nos juntamos a platicar Roberto Preciado, Fernando Morán, Joaquín Salinas, Felipe Díaz Cortés y mi amigo Gerardo Navarro. A esa bolita se fueron agregando varias gentes: Luis Barreda Cedillo, Memo Díaz Zamorano, Ignacio Peralta Sánchez y el gobernador Gustavo Vázquez Montes.
Después de una media hora de chascarrillos, de anécdotas y de bromas, tuve oportunidad de conversar con el gobernador Gustavo Vázquez, se afinaban los detalles para una reunión que sostendría con los integrantes del Club de Reporteros de Manzanillo el lunes 28 de febrero a las nueve de la noche en el restaurante La Huerta.
Ya que se iba Gustavo de esa reunión en las afueras del Complejo Administrativo, en Colima, le preguntó a Nacho Peralta, ¿quién va con nosotros a la reunión de mañana en México?, - “Vamos Luis Barreda y yo”, comentó Roberto. De inmediato Gustavo volteó hacia donde estaba Memo Díaz, le dijo, “nos acompañas Memo, ocupamos a alguien que hable bien el inglés y quién mejor que tú”. Esa noche, ni Memo ni nadie sospechaba que había recibido la orden para abordar el vuelo que lo llevaría a la inmortalidad en la historia política de Colima, pero también un vuelo que lo llevaría en el viaje a lo desconocido, en el viaje que lleva a donde no hay regreso.
Hoy se cumplen tres años de la muerte de los políticos, pero también de los amigos. El hubiera no existe, pero tal vez hoy Roberto Preciado sería el presidente municipal de Manzanillo y si así fuera sería candidato natural a la gubernatura. Y Gustavo Vázquez aún sería gobernador. Y Memo Díaz seguro que seguiría laborando en la Secretaría de Turismo. Y Alejandro Dávila seguiría apoyando a muchos niños de la calle, como siempre lo hizo.
Hoy a tres años de distancia, sólo se les puede decir gracias por lo que dieron. Y también el deseo de que estén descansando en paz.
MIS POSTDATAS DE ESTE DIA
P. D. 1.- Hoy a las ocho de la mañana en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe la familia Preciado Cuevas está invitando a la ciudadanía en general a una misa que se celebrará pidiendo por el eterno descanso del alma de Roberto Preciado y de todos los que murieron en aquél fatídico vuelo.
Y a las doce del día, en ese mismo templo, el padre Enrique Camacho celebrará una misa para pedir por el eterno descanso del alma de Alejandro Dávila González.
P. D. 2.- Ayer fue el informe de labores de la diputada Gabriela de la Paz Sevilla Blanco. Y le fue bien, lo que significa que a la legisladora se le empieza ver porte, estampa dirían los antiguos, de candidata. Que nadie se haga bolas, Gaby Sevilla es la calderonista más reconocida de Manzanillo y en el PAN del presente, ser amigo de Felipe Calderón es sinónimo de tener una candidatura casi en la bolsa.
Y ni una línea más.
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